
Cartas a Emilio Adolfo Westphalen
(1939-1955)
Ya no hay amistades así. Y si las hay, rara vez se estampan en papel. Esta edición reúne las cartas, en su mayoría inéditas y escritas en francés, que César Moro envió a Emilio Adolfo Westphalen, su más cercano cómplice e interlocutor.
Moro escribe desde la Ciudad de México, donde vivió de 1938 a 1948. A sus contemporáneos —Reyes, Rivera, Kahlo, Siqueiros o Huidobro— los critica con vehemencia, mientras que su admiración por Villaurrutia, De Chirico, Proust, Picasso, Rahon o Paalen, es por sí sola un motivo para leer este epistolario sin correspondencia.
“Moro es un gran poeta”, “la lealtad y la limpieza con que asumió su compromiso niega y deja en ridículo precisamente a aquellos poetas que se llaman comprometidos porque repiten una retórica ajena y explotan ciertos tópicos que sólo los preocupan de la piel para afuera”, dice Vargas Llosa, “[…] sin participar de muchas de sus convicciones, su obra nos merece profunda admiración y respeto”.
Prólogo: La felicidad no quiere saber de mí por Philippe Ollé-Laprune.
Publicación con el apoyo de la Dirección de Literatura de la Universidad Nacional Autónoma de México y la Embajada de Francia en México.
César Moro
(1903-1956)
A los veintitrés años viaja al París de Breton, Éluard y Aragon, para volver a Perú en 1933, fascinado por el surrealismo. En 1938 viaja a México, donde en 1940 organiza la Exposición Internacional del Surrealismo con Breton y Paalen. Durante sus diez años de estancia en el país, además de colaborar en El hijo pródigo y Dyn, publica sus únicos dos libros en vida, Le Château de grisou (1942) y Lettre d’amour (1943), además de escribir Pierre des soleils y su pieza mayor (en español): La tortuga ecuestre.
Emilio Adolfo Westphalen
(1911-2001)
Publica su primer poemario, Las ínsulas extrañas, en 1933 y el segundo, Abolición de la muerte, en 1935. En adelante, su labor literaria se centra en la edición de revistas como Las moradas y Amaru. Algunos se sorprenden de su “silencio”, y otros le insisten en romperlo, pero Moro le escribe en 1942: “Nos gusta el silencio, pero un silencio activo, no los momentos de silencio que le gustan a la gente en general, un silencio en movimiento”. En 1980 publica Otra imagen deleznable y en 1998 recibe la primera edición del Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández-Comunidad Valenciana.
